Cada día, Chaman levanta el vuelo y surca el horizonte para encontrarse con él. En cada parada, observa, medita, escucha cada susurro del viento, cada palabra de su aliento, y cada haz de luz en el firmamento, que el astro rey desprende de su cuerpo. Siempre de tras de él, de oeste a este, hasta que lo pierde bajo sus pies.
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